Extracto de Paysage Maure de Paule Valette, éditions Terre du Ciel
La ceremonia del té marca el ritmo del tiempo mauritano varias veces al día. No hay circunstancia pública de la que quede excluida, ya se trate de una transacción comercial, de una petición de mano o de una circunstancia privada. ¿El té? Es un té verde de China «8147», y no se bebe uno, sino tres tés seguidos. Esto representa el esqueleto de la ceremonia, pero el arte de los mauritanos consiste en hacer de estos momentos algo inolvidable para sus invitados. Para que se despliegue esta lenta liturgia, se necesitan tres condiciones. Las famosas 3 J: Jmar, Jar, Jmaa. Son, primero, las brasas de carbón vegetal en el «canoun», sobre las que se coloca la pequeña tetera de estaño para calentar el agua.
La palabra jar, que indica la lentitud, se emplea en este contexto en referencia a la danza del mismo nombre, cuyo rasgo distintivo es precisamente la extrema lentitud del movimiento. Lentitud de la infusión de las hojas de té mezcladas con menta verde, que liberan su aroma sutil. El ritmo con que se preparan los tres vasos indica, por su lentitud o su viveza, si la joven quiere retener o no al hombre de visita: si lo desea, su presencia silenciosa puede hacer durar el ritual dos horas a veces. Y se absorbe entonces, al mismo tiempo, el líquido perfumado, las miradas furtivas y el ballet armonioso de las manos afiladas, expertas en el arte de coronar cada vaso con su bella colereta de espuma. La joven puede alargar el tiempo, tanto más cuanto que el joven cortés no debe despedirse antes de que ella haya enjuagado, secado cada vasito, limpiado la bandeja, vuelto a colocar todo en su sitio, guardado el servicio de té bajo un tapete. Solo entonces el hombre puede marcharse.
Jmaa significa el grupo, la asamblea, pues raramente se prepara el té para una sola persona. Esta bebida es el hilo que une a los presentes entre sí, y la generosa teterita reparte a cada uno su brebaje, áspero como la vida, dulce como el amor, suave como la muerte: lo que parece constituir las preocupaciones esenciales de un ser humano... hasta la última gota extrema, «la lágrima de miel». El té marca el ritmo de cada uno de los actos del día. Siempre tiene un lado un poco solemne al principio del ritual, pero muy pronto, bebido el primer vaso, la vivacidad de la conversación recupera sus derechos. He observado que la calidad de la conversación siempre va pareja con un té logrado.