A quienes, por mí, cocieron el pan, calentaron el agua, buscaron el camino, cantaron, rieron, lloraron a veces cuando el calor del fuego de leña liberaba sufrimientos ocultos y las llamas acariciaban perlas de cristal en el fondo de sus ojos oscuros
A quienes tomaron mi mano, me dijeron «ven, es por aquí»; a todos los que me abrieron las puertas de sus casas, sus jaimas, sus chozas...; a todos los que encendieron las estrellas para iluminar mi camino
A quienes saben por qué, ciertas noches, voy sola a la duna
A quienes curan sus heridas con un puñado de arena caliente
A quienes olvidan su carga para llevar la mía
A quienes me enseñaron el respeto la tolerancia la modestia
El silencio y la poesía
Gracias
Alika